miércoles, 4 de agosto de 2021

Viaje a Ica sobre ruedas

Sábado 30 de julio:

Mi familia y yo, partimos de Lima a las 6:00 a.m. rumbo a Ica. El viaje que hicimos fue por bus y duró 4 horas y media. Nos fuimos en Cruz del Sur, la verdad es que me sentí muy cómoda en sus asientos, tanto que me quedé profundamente dormida durante el viaje (la noche anterior había dormido apenas 1 hora). Llegamos a las 10:30 a.m., pedimos un taxi y nos instalamos en el hotel. Allí mismo desayunamos.

Para la hora del almuerzo nos fuimos a un restaurante campestre llamado “Canto y sabor andino”. Aunque no es parte de la comida típica de Ica, pedí un cuy chactado. Fue la primera vez que probé esta comida y estuvo muy buena. El lugar tiene una piscina gratis y da shows en vivo. En cuanto a la accesibilidad, la entrada es de tierra, hacen falta un par de rampas y dentro no hay un baño para personas con discapacidad, pero con ayuda se puede y no es tan complicado.






Después del almuerzo, nos tocaría vivir una aventura por el desierto de Ica. Del restaurante pedimos un taxi para ir a Comatrana donde nos esperaban un par de carros tubulares, que desde la pista nos llevó hasta las dunas. Nos juntamos con los familiares de mi buen amigo Darwin de Ica y compartí un tubular con ellos. Me encanta el paseo en estos "buggys" por la arena, fue mi segunda vez después de 7 años y en otra condición. Estaba súper asegurada en el asiento y la pasé increíble, soltando gritos cuando descendía por la arena a gran velocidad. Eso de gritar me libera, recomiendo este paseo a todo aquel que anda estresado y necesita desfogar jaja.





Paramos un momento para hacer el famoso sandborading, que consiste en el descenso de dunas o cerros de arena, con tablas especiales para ello. El señor que manejaba el tubular fue muy amable y me ayudó a bajar y posicionarme en la tabla. Echada sobre ella con los codos adentro, la cabeza levantada y sosteniendo con mis manos dos cintas que estaban en cada extremo, me deslicé por la bajada de arena. Ya lo había hecho antes cuando caminaba, ahora pensé que no lo haría, pero me atreví, me dejé llevar por la gravedad y aterricé con tranquilidad. El precio del paseo en los tubulares y el sanboarding fue de 25 soles y duró un poco más de una hora. ¡Recomendado!



Eran las 6 de la tarde y el carro tubular nos dejó en una parte de las dunas con vista a la laguna de Huacachina, una vista muy linda. Allí acostumbran dejar a los viajeros como fin del recorrido. Para salir de ese lugar hay que caminar y descender por la arena hasta llegar a la pista. En mi caso, recibí ayuda de una persona que me llevó sobre su espalda. ¡Gracias Ulises!


Domingo 31 de julio:

Temprano llegamos a la Plaza de Armas de Ica.

Allí mismo, contratamos el servicio de tour a Islas Ballestas por 50 soles (ida y vuelta).


Llegada las 10 de la mañana partimos rumbo a Paracas y llegamos después de una hora aproximadamente. El ingreso al área protegida es accesible, cuenta con rampas y un baño para personas con discapacidad. Estando dentro, se debe pagar un impuesto de 5 soles para ingresar al muelle; y otro de 11 soles a SERNANP, para visitar las islas Ballestas. En mi caso, no pagué ninguno, ya que presenté mi carnet de Conadis.

En el embarcadero, para ingresar a la lancha, hay dos caminos: el de las escaleras y el de las rampas. Obvio que fui por la ruta accesible. En todo momento me dieron prioridad para embarcar primero junto con otra persona que también era usuaria de una silla de ruedas. Después de que me ayudaron a ingresar, pasaron las demás personas y estando todos ya sentados, los motores se encendieron y empezó la aventura mar adentro.


Este paseo duró 1 hora y media, hicimos dos paradas: una en el misterioso candelabro dibujado en la arena y otra en las propias islas Ballestas, donde conocimos a la variedad de aves, los lobos marinos y el famoso perfil de Cristo. Estando en la isla, hacía un bonito tiempo, ya que el sol iluminaba la tarde. Al regreso, por la velocidad con la que iba la lancha y el viento que corría, se sintió mucho frío, esto es normal, así que fue bueno haber llevado una casaca.




Llegamos al embarcadero y me ayudaron a salir de la lancha, retorné por las rampas y ¡directo a comer! Nos recomendaron un restaurante de por allí y me pedí el clásico ceviche.


Terminamos y volvimos a Ica con la minivan que contratamos. Fue muy amable el señor de la movilidad, me ayudó con los traslados.

Estando en Ica como a las 6 de la tarde, recogimos nuestras cosas del hotel y retornamos hacia Lima.

Fueron dos días muy divertidos, en los que me desconecté de la rutina y retorné con las energías renovadas.


¡Viajeros en silla, anímense a vivir esta bonita experiencia!

Si yo puedo, tú también. Solo o con ayuda, también tienes derecho a vivir y disfrutar =)

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Quiero hacer un agradecimiento muy especial a Darwin, quien fue mi guía en este viaje, el que me ayudó a conseguir el hotel, los tours, y todo allá en Ica. ¡Gracias Darwin por tu buena disposición!




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